Ay, Alex

Me había resistido a escribir sobre lo que pasó el 1 de julio en Monterrey. Una parte de mí me decía que cualquier cosa que fuera a comentar no sería nada agradable; otra parte de mí me indicaba que no siempre se escribe sobre lo sencillo y bonito. Sin embargo, como bien aprendí en mi carrera como periodista: “la nota no la haces tú, te la da el suceso”, creo que vale la pena agregar mis dos centavos al tema/tragedia de moda.

Primero: ¿Quién invitó a la tormenta/huracán/fenómeno meteorológico “Alex”? Nada más vino y se portó como un verdadero S.O.B. –como dirían los estadounidenses. Y si no lo crees, sólo revisa lo que su visita causó en el noreste de México. OK, ya sabemos que en esta época del año esas visitas son muy comunes, pero no está de más preguntar retóricamente quién lo hizo. No busco una respuesta, sino plantear el porqué de estos fenómenos, a veces inexplicables, y por qué nos afectan tanto.

Platicando con mi buen amigo Jorge Taboada, dábamos con la rápida conclusión de que este suceso es sólo una parte de lo que la naturaleza nos está cobrando por hacer con ella lo que nos da la gana. Derrames de crudo en el Golfo de México, depredación de los bosques, exceso de basura en lugares que deben estar limpios, combustible gastado a lo tonto, y etcétera. Es evidente que una deidad está obrando para hacernos ver lo que mal-hacemos con lo que se nos ha dado de manera natural, y cómo lo estamos destruyendo… con harta alegría.

Dejemos a un lado el hecho de que las autoridades insisten en hacer de la zona del Río Santa Catarina un espacio lleno de incontables canchas, parques, ciclopistas, estacionamientos, concesiones a puesteros y a circos, etc., porque si nos sentamos a discutir sólo ese punto, no terminaríamos nunca. Y menos acabaríamos si le seguimos con toooodas las áreas de vivienda establecidas en las laderas de cerros que cada ciertos años pasan la factura a pobres, ricos y advenedizos aventándoles piedras, lodo y agua sucia encima de pertenencias de todo tipo –valiosas o no, está por verse. Además, está el hecho de que una de las premisas de Zampra es que no opina sobre política por retorcidas convicciones que ahora no vale la pena tratar. Lo importante aquí es que ni como autoridad, ni como sociedad, ni como individuos estamos preparados para fenómenos fuera de nuestro control. Siempre confiamos en una presencia divina y desconocida, que nos proteja de la fuerza de la naturaleza. El caso es que esa protección parece que nunca llegará. Entonces, ¿por qué seguimos cometiendo los mismos errores?

No lo sé. Por siglos se ha discutido que la especie humana es de las pocas –si no la única- que se empeña en comprobar acto con acto, decisión con decisión, que estamos hechos para continuar una larga tradición de errores que luego disfrazamos con “experiencia”. Por supuesto, los aciertos que como humanidad hemos tenido han sido demasiados como para opacar esas metidas de pata (no soy tan pesimista, aunque lo parezca). Sin embargo -porque siempre hay uno de éstos-, como dijo mi abuelito, “¿para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?”.

BristolSin caer en frases politiqueras, creo recordar aquélla de Echeverría (¿o Díaz Ordaz?): “La solución somos todos”. Esta frase luego degeneró en aquello de “La corrupción somos todos”, pero esa es otra historia. El punto aquí es que es cierto, la solución somos todos juntos. Nuestra historia reciente nos indica que en realidad jamás estaremos todos juntos, porque ya nos hicimos demasiado cínicos y hasta insensibles. Y no sé si fue mi intolerancia o la crisis del momento, pero me atreví a bloquear a uno de mis “amigos” de Facebook porque consideré muy fuera de lugar una broma que hizo sobre la tragedia casi en el momento que sucedía. Sé que en México hay una tradición por burlarse de las tragedias, pero generalmente los que se ríen son los que están intactos y fuera de la realidad, no los afectados. Así que aunque afortunadamente estoy del lado de los intactos en esta ocasión, prefiero ponerme solidariamente con aquellos que se quedaron sin hogar, sin pertenencias, sea cual fuere su condición económica. Así que no asumamos que esto es un chiste, es una realidad trágica que amerita posiciones maduras y responsables. O al menos tratemos de hacerlo quienes de alguna manera tenemos un punto de vista más allá de la superficialidad. Dejemos los chascarrillos para gente como los dueños del Bristol, un pequeño restaurante por la Calzada Madero que, para ganar clientes, juegan con la visita de “Alex” e invitan a beber en sus instalaciones de dudosa salubridad: “NO VALLA AL RIO AHOGUESE EN EL BRISTOL”.

Aclaro: todo esto es mi opinión. Tú puedes pensar distinto y eso muy bien que se respeta.

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4 comentarios

Archivado bajo clima, tragedia

4 Respuestas a “Ay, Alex

  1. Monica

    Estoy de acuerdo contigo, yo vivo en cumbres y es increíble lo que Alex, dejó a tan solo 3 cuadras de mi casa, puedes ver los cerros desgajados, justo por donde se hicieron mini cascadas. Desde hace 1 año toda mi colonia se opuso a la construcción de una nueva colonia llamada MONTELEON, ésta está justo en el cerro, y si nos opusimos fue por que sabemos que no podemos atentar contra la naturaleza, hoy los resultados son calles abiertas, coches sepultados bajo piedras que el mismo cerró aventó, es como si la naturaleza hiciera una reacción a todo el daño que le hemos causado.
    Ojalá que este suceso tan lamentable nos haga conciencia de cuidar lo que tenemos, que no tiremos basura, que no abusemos de nuestros cerros tan imponentes, que hagamos las cosas bien, que las reconstrucciones viales se hagan con toda la mano, y no al “ahi se va“.
    Y sobre todo tener conciencia que nadie esta exento de una situación asi, por que ahora si que como dijo Maria Julia: nos tocó a los pobres, a los mas pobres, a lo ricos y a los más ricos.

  2. Tonio

    J.C.
    Definitivmente que todos pensamos de distinta manera, pero mas que pensar distinto no debemos de mantenernos frios ante la realidad que ahoga nuestra ciudad, tomemos conciencia de lo sucedido, recapacitar y tomar una nueva actitud de corresponsabilida de nuestra ciudad y contribuir un poco a la mejora de la misma, sigue escribiendo como hasta ahora que tienes muchos fan en nuestra ahogada pero viva ciudad.

  3. Gina Farias

    JC, me quedé con la frase de “la solución somos todos”, porque pienso que pudiera aplicar ahora después del paso del huracán Alex. Hay muchos problemas que su paso dejó en nuestro Estado, pero quiero enfocarme a uno sólo: Las avenidas cerradas por los daños y el congestionamiento vial que estos cierres estan provocando. Un par de días me han bastado para darme cuenta que debemos ponernos de acuerdo para solucionar este grave problema. Y es que la solución somos todos! Pongámonos de acuerdo para compartir el coche, esto es, con los compañeros de trabajo, con los demás padres de familia para dejar a los hijos en la escuela, con los amigos para salir a un sitio. Qué si es difícil? claro que lo es! estamos acostumbrados a nuestra independencia y espacio… pero creanme que no veo de que otro modo podemos aminorar el problema, hay que empezar a tomar esta responsabilidad… para empezar. Los exhorto a un cambio de conciencia, cada quién en su espacio, empecemos a hacer cosas distintas. Situaciones extraordinarias requieren reacciones del mismo calibre. Saludos!

  4. Sacnicte

    Jcito,

    Estoy totalmente de acuerdo contigo y Taboada, no es más que una forma de demostrarnos que algo muy malo le estamos haciendo al planeta.
    Te mando un abrazo rompe costillas.

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