The power of Christ compels you!

 

monjasexorcista

Sutiles o evidentes, abundan referencias a la religión católica en "The Exorcist".

 

Terraza Acapulco era el único lugar en donde podíamos ir a las vistas y a comer pacón. Como te imaginarás por su nombre no era un lugar cerrado, así que nos colábamos a la planta alta de los Rodríguez, quienes vivían en la casa del lado derecho, cuando queríamos ver las “de adultos”. Habrás también podido deducir que la Terraza era una especie de cine y que ahí íbamos a ver películas (vistas) y a degustar palomitas de maíz (pacón, un pochismo derivado de “pop corn”). En San Fernando, Tamaulipas, no había otra opción en salas de cine.

Esta Terraza tenía un techo hasta la mitad que cubría los asientos “normales” y el resto, cercano a la pantalla, estaba lleno de bancas de madera, desde las cuales bajo el cielo podías disfrutar de películas ya viejas para cuando eran proyectadas en este local. Y fue ahí en algún punto de 1975, sentados en el balcón de la casa de mi amiga Rosy, que me enfrenté por primera vez -aunque en ángulo de unos 30 grados respecto a la pantalla- con el Demonio. Mi mamá ya me había asustado al escucharla cuando platicaba con sus amigas sobre el horror de “El Exorcista”. Para ese entonces, lo único que yo sabía del tema eran los zapatos “Exorcista” que oportunamente lanzó la occisa cadena de zapaterías Canadá (si eres cuarentón, te acordarás).

Por supuesto que mamá jamás supo de esa “pinta” que me hice con mis amiguitos de quinto año una fresca tarde de otoño. Como niño que era, la verdad no entendí muy bien el trasfondo moral-religioso detrás de la película, pero sí me dejé llevar por las ya famosas escenas con Regan MacNeil: la que tiene que ver con la sopa de chícharos, la de la cabeza que da la vuelta completa, la de cuando se eleva sobre la cama con los ojos en blanco… brrrr, la brisa nocturna se nos colaba por todas partes (¿o era el horror?). En fin, entre el Padre Merrin y sus gritos de: “¡El poder de Cristo te lo ordena!” y que por más maduro que seas a los 9 años realmente no das para más, esa primera vez con la película basada en la novela de William Peter Blatty me pasó un poco sin pena ni gloria.

Luego, en los 80, en uno de esos cines en Monterrey que ahora ya están destruidos, regresé a la experiencia con una mente abierta al contenido, en lugar de sólo ir a escuchar romperse los huesos en la nuca de la hija de Ellen Burstyn en la película. Salí muy complacido, considerando que en esa época no era uno exigente en cuanto a la calidad de la imagen ni al audio en los cines. Más adelante, en el 2000, acompañado por el buen amigo Oso Oseguera, me introduje en una sala de Sony en San Francisco, para ver la versión actualizada y con escenas cortadas en la original. De nuevo, salí muy complacido, aunque el Oso, quien no es fan de estas películas, se estuvo quejando todo el tiempo, lo cual me aterrizó un poco de mi insano placer por el horror.

¿A qué viene toda esta diatriba-remembranza? A que a partir de hoy 5 de octubre estará ya en las tiendas en Blu-ray el clásico cinematográfico del horror, antecedente de múltiples cintas de terror, unas fallidas, otras afortunadas. Ya en el 2000 se liberó en DVD la versión del director William Friedkin. Ahora promete nuevos extras, entre ellos tres documentales y pietaje de los sets jamás visto. Aunque no creo que los extras sean tan terroríficos como la obra original, será interesante ver cómo maquillaron a Regan (Linda Blair) y cómo se lograron los efectos, vanguardistas para la época.

Considerada por mi generación como la más terrorífica jamás filmada, para las nuevas generaciones “El Exorcista” podría no ser la gran cosa, acostumbrados como están a tanta basura de películas de horror que predominan por ahí. Sin embargo, para esta película siempre hay tiempo si eres fanático del terror basado en la existencia del Demonio en la religión católica. El debate de si las cuestiones de pérdida de fe pesan más que los efectos especiales podría no tener fin, lo que sí es cierto es que cuando uno repasa los diálogos, no puede dejar de enchinársele la piel cuando escucha al padre Damien Karras preguntándole al Demonio: “¿Dónde está Regan?”, y el Demonio contesta: “Aquí. Con nosotros”.

“Nosotros”, obviamente, son todos los Demonios que habitaron el frágil cuerpo de Regan. Pero “nosotros”, ahora, seremos quienes vayamos directo a las tiendas a comprar la última, ultra mejorada y –por ahora- definitiva versión de una de las películas favoritas de los fanáticos del horror y los temas demoníacos.

Además, ya era tiempo de que apareciera esta versión en alta definición. Muy oportuno el lanzamiento, también, en el mes de los sustos. En buena hora sucede, como cuando el Demonio responde al Padre Merrin, quien le pide que demuestre sus facultades y súper poderes, y el diabólico le responde, con esa voz baja, gutural, podrida, espeluznante: “In time”.

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3 comentarios

Archivado bajo cine, introspección

3 Respuestas a “The power of Christ compels you!

  1. Microturbian

    Interesante reflexión sobre el cine de terror y la infraestructura de proyección de películas de los 70s-80s.

    Creo que yo no ví El Exorcista hasta que fuí adulto, su fama y que “El Poder de Cristo” me iba a expulsar de la escuela si se enteraban que la habíamos visto, fueron las causas.

    Pero si recuerdo la época antes de Cinemex-Cinépolis. Tarifa congelada, piso pegajoso por el refresco derramado, Fumadores arriba a la derecha en esas macrosalas de 3000 personas y la “guerrita” de palomitas. Recuerdo el argot del cine, donde en los cines de “piojito” se le gritaba al “cácaro” mientras se degustaba un Gaznate (Todavía no me atrevo) y unos pon-pons; El famoso intermedio para salir a comprar pasitas de chocolate “Escalona” y otra bolsa de palomitas y después de la película a salir y comprar la Memorabilia del evento claramente pirata.

  2. Pepito, el de los Cuentos

    Jajajajajajaja…
    ¡Ahhhhhh, como diría mi tía Lupe, la sorda: pero quéee quieeerrreeeesssssss con estooooo!
    Sí, nada que ver la sordera de mi tía con tu prosa arcaica, y digo arcaica por los recuerdos, que conste…
    Pues yo admito que ví “El Exorcista” hará unos 10 años en un triste departamento de la Colonia Chapultepec, en San Nicolás, mismo que compartía con mis hermanas “las clackers” (se despertaban a la seis de la mañana y lo primero que hacían al arreglarse para ir a sus sendos trabajos era ponerse unas zapatillas que con su clack, clack, clack me ponían los nervios de punta), y recuerdo bien que ellas decidieron NO asistir a la función especial que armé con el recién estrenado DVD. Es más cerraron la puerta y admito también que me levanté de la cama, y la abrí, poco, casi nada, como para correr en caso de que el susto fuera mayúsculo…
    Admito también que me impactó… Tanto que no sé si voy a querer ver la copia blu-ray…
    En mi top ten personal de películas de miedo, “El Exorcista” ocupa el lugar dos, el primero es… chan chan chaaaa-a-a-a-an… “El Resplandor”… Simplemente no pude terminar de verla…
    ¡Soy miedooosooo!, ¿yyyyyyyy?
    Un caluroso aburs, jajajajajaj!!!!!

  3. EDGARDO

    Debo admitir que soy un “movie-freak” y “El Exorcista” es la película que mejor lo ejemplifica.
    Allá a principios de los 70, no me acuerdo bien si era el 71 o 72, me cayó en las manos la novela de William Peter Blatty en su primera edición en español. Como en mi natal San Luis Potosi lo que sobra es el tiempo (al menos así era en aquel entonces) me la leí de un jalón, antre fascinado y aterrorizado, y además de la consabida semana sin poder dormir tranquilamente, debo confesar que me marcó para siempre. Yo no tenía más de 13 años.
    Cuando supe que había película, verla se convirtió en una verdadera urgenia, casi rayando en la obsesión.
    Hice malabares, súplicas, sainetes, pucheros y pataletas para lograr que mi hermano me llevara a verla en Laredo, Texas, cuando se estrenó allá. Lo logré.
    Eran los primros días de 1974.
    Estaba nerviosisimo y sentía que tan pronto empezara la proyección me iba a dar un ataque de pánico. No fue para tanto, porque ciertamente la película que yo traía dentro de mi cabeza era mucho más terrible que lo que vi en pantalla, además de que mi incipiente inglés hizo que la mitad de los dialogos me pasaran de noche.
    Pero aún así, hubo algo en ella que me tocó por dentro. Una secuencia, que no es de las terroríficas y a la que pertenece la foto que JC eligió para
    ilustrar este artículo. Ahí descubrí la conjunción perfecta de imágen y sonido, una mágica mezcla que influyó, incluso, en la elección de mi camino profesional.
    Cuando la película llegó a México, meses después, fui a verla una y otra vez (a falta de video casero, que todavía no se inventaba como tal) al grado que en su corrida de estreno completé 44 veces, entera y en sala de cine.
    Claro que la he visto mucha veces más, también en la pantalla grande cada vez que la reestrenan, y la he tenido en todas sus ediciones y formatos (Beta, VHS, Laserdisc DVD y Blu-ray).
    Cuando salió su perimera edición en video, llegué a grabar todo el audio de la cinta y me aprendí los diálogos de memoria, compré el guión, e incluí las líneas de la mamá del Padre Karras en una obra teatral en la que actué.
    También fui a Georgetown a conocer las locaciones exteriores de la película, principalmente las de esa secuencia tan importante en mi vida.
    Definitivamente, es uno de los filmes más importantes de mi vida.
    Sólo relaté parte de mis anécdotas, las más extremas quizá, ligadas a “El Exorcista”, si me pongo a reflexionar sobre ella, no acabamos nunca.
    Por lo menos ya lo confesé.

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