El Klimt que casi no fue

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Gustav Klimt. Retrato de Adele Bloch-Bauer (1905). Óleo y oro sobre tela.

 

Cuando el pintor austriaco Gustav Klimt (1862-1918) creó la primera versión del “Retrato de Adele Bloch-Bauer” no tenía la más remota idea de lo que pasaría con una de sus obras maestras. Seguro que, como todos los artistas, estaba acostumbrado a las excentricidades de los mecenas o de los coleccionistas, quienes por amor al arte o por conveniencia económica hacían (o hacen) lo que les place con la obra plástica. Sin embargo, nada como lo que esperaba a la pintura que Klimt trabajó durante tres años.

La obra de arte, un encargo del industrial Ferdinand Bloch-Bauer –esposo de Adele-, fue terminada por el artista en Viena en 1905. Veinte años después, Adele murió de meningitis y en su testamento indicaba que toda su colección (incluyendo cinco cuadros de Klimt) fuera donada a la Galería del Estado Austriaco. Luego de ser confiscadas por los nazis en su ocupación de Austria, las obras –incluyendo el “Retrato…”, permanecieron en penumbras por varios años.

La historia no termina con ese encierro. El vienés Bloch-Bauer, por su parte, había designado como herederos de todo su patrimonio a sus sobrinos, entre ellos Maria Altmann. Al morir el millonario, sin embargo, el gobierno austriaco decide tomar como definitivo el testamento de Adele y quedarse con la obra de Klimt, que tuvo en sus galerías por muchos años, aunque en realidad pertenecían legalmente a Altmann.

Después de una cruenta batalla legal con el Gobierno Austriaco, Maria Altmann desde Estados Unidos logra recuperar en este siglo las cinco obras de Klimt heredadas de su tío, entre ellas el retrato de Adele. Gracias a que Ronald Lauder, fundador de la Neue Galerie en Nueva York, adquirió el cuadro en 135 millones de dólares, la segunda obra más cara en el mundo al momento de su venta, el “Retrato de Adele Bloch-Bauer” ofrece su luz y su valía a un mayor público desde 2006.

Afortunados somos los que podemos apreciar esta obra hecha al óleo y oro sobre tela que, como toda la obra de Klimt, sorprende por su brillantez, complejidad y al mismo tiempo una gran consideración por el rostro humano. Cuando entré -hace unos meses- a una de las salas principales de la Neue en la planta alta, lo que me detuvo en seco fue este retrato que, no obstante, sobresale por sus propios méritos a pesar del efectismo museográfico. Junto con “El Beso”, el “Retrato…” es reconocido como el pico de la obra del artista representante del modernismo. “El Beso” está colgado en la Galerie Belvedere, en Viena.

El “Retrato de Adele Bloch-Bauer” es el punto central de la colección que Lauder exhibe en la Neue Galerie de su propiedad. Este museo, dedicado completamente al arte alemán y austriaco, sigue incrementando su acervo gracias a que no para en su intento de recuperar todo el arte que perteneció a la comunidad judía de Alemania y Austria, y que fue confiscada –y muchas veces destruida- por los nazis. Al igual que el recinto que aloja la Colección Frick, de la cual hablamos aquí hace un tiempo de la presencia de Vermeer, la Neue (pronunciada “noia”) no sufre de multitudes y casi calladamente sostiene su prestigio como uno de los espacios más importantes por la calidad de la obra europea que aloja en el número 1048 de la Quinta Avenida en Nueva York.

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2 comentarios

Archivado bajo arte plástico, museos

2 Respuestas a “El Klimt que casi no fue

  1. Hector Aguilar

    Excelente ,como siempre temas muy interesantes

  2. Zampra: Magnífica crónica. Gracias. Matt

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